Lo que me trajo el viento!

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Rosario Urrutia

Ayer 21 de mayo 2019, día Iq, día del viento, el viento me trajo una experiencia lindísima, que me va a ser difícil plasmar en palabras pero intentaré. Estaba en la Clínica de Antigua y tuve una paciente que llegó desde un rinconcito de Guatemala muy muy lejano. Desde las montañas lejanas del altiplano, a dos días de viaje! Hizo dos días de viaje para llegar a su cita!! esa fue la primera lección que recibí. Ella, una abuela hermosa, con su piel curtida por el sol, sin preocupación alguna si tiene arrugas o delineador puesto, entró a la consulta con su hijo adulto, pues ella no hablaba ni una gota de español y su hijo hizo de traductor.

Mi experiencia de hablarle a los ojos y sólo usando mis oídos para escuchar lo que ella me decía a mí y su hijo repetía en español, fue impresionante! Yo le hablaba en mi idioma y ella contestaba en el suyo, y ambas nos mirábamos. Ambas esperábamos la traducción, pero ya algo en el ambiente había hecho que nos entendiéramos a través de los ojos, a través de las manos.

Me pareció tan tan espontánea, cuando le pregunté que cómo estaba, que qué le estaba pasando que ella respondió poniendo sus manos en su estómago y en su pecho: tengo un miedo tan grande en toda esta parte! Me pareció tan tan avanzada, tan sin filtros su mente, tan en contacto con su voz interior que describió exactamente lo que estaba sintiendo.

Ella vivió momentos muy duros en la época de la guerra en la época de los 80, y todas las secuelas estaban registradas en su cuerpo. Durante toda la sesión estuvimos quitando con las manos energía que estaba bloqueando muchísimas áreas de su organismo. Cada vez que ella hablando en su idioma hacía con tanta devoción el gesto de quitar la energía y la lanzaba con fuerza para que se transformara en luz y la volvía a retirar y la volvía a retirar.... a mí me hubiera gustado interrumpirla para decirle que si la podía grabar porque me parecía estar mirando a la Madre de todas las Madres, a la Madre Tierra, a la abuela sabia!! Sin embargo, yo sabía que si hacía éso, me perdía de la conjunción de almas que estaba viviendo en ese momento y la cosmovisión de la cuál yo estaba participando.

Yo se que ella no podrá leer este artículo, pero quiero agradecer su simplicidad, su pobreza exterior y su riqueza inmensa interior. Me dejó el alma rebosando y aprendí muchísimo en una hora que la tuve frente a mí. Gracias Abuela!!

 

 
Rosario Urrutia
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